La crisis sigue coleando y los especialistas continúan buscando fórmulas que la frenen. Los datos de algunos países de la unión arrojan luces de esperanza, pero no es oro todo lo que brilla. Millones y millones de euros siguen perdidos, en forma de activos dañados y, peor, en forma de activos deudores. De entre estos, los que más están preocupando son los activos de dudoso cobro. Se trata de aquellos préstamos impagados durante más de 3 meses.

Una situación complicada sin fácil solución

Bruselas ha pedido cuentas, ha visto los malos resultados de la banca de algunos países y se dispone a recrudecer la legislación. También ha alabado las buenas cifras de recuperación en algunos de los países miembros. Los datos peores son los que llaman la atención y arrojan una sombra de desconfianza, sobre todo, por parte de los países con una economía más depurada y activa.

En un somero vistazo, los malos datos se resumen en que la media europea de los activos de dudoso cobro queda en el 4,4%, con el matiz de que 12 países ascienden a los 15% y que Grecia y Chipre sufren una media del 50%. El dato positivo es que la anterior media general era del 6,7%.

Bruselas propone un endurecimiento a la hora de realizar las provisiones bancarias, activar el mercado de los activos dudosos, solucionar liquidaciones sin necesidad de ir a juicios y ayudar a crear «bancos malos» nacionales.

La falta de transparencia de gestores y supervisores

A pesar de las restricciones y de la inyección de dinero público, siguen existiendo muchos activos dañados peligrosos. Los especialistas culpan a gestores y supervisores, diciendo que falsean los números de sus bancos o no muestran todo lo referente a sus deudas.

De tener todos las cifras y cuentas a la vista, multitud de entidades se verían abocadas a la desaparición y más de un directivo tendría que vérselas con sus superiores, cuando no con la justicia.

Italia es el país en el punto de mira

Las peores cifras son las italianas. Con el 15% de activos deudores, es la de mayor deuda: 300 000 millones. Bruselas reconoce que ha hecho progresos, pero no son suficientes. Y países como Alemania no están por la labor de asumir una parte de esa deuda.

Al final, el norte europeo mira mal al sur, aunque se continúa buscando una utópica unión económica.